Members

was here...

lunes, 25 de noviembre de 2013

El lugar más bonito del mundo






Conozco el lugar más bonito del mundo. Sólo unos pocos han conseguido estar y saben de lo que hablo. 
 Ahora mismo estoy aquí. En mi lugar. Escribo desde aquí porque abandonarlo un domingo me parece, a parte de cruel, correr un riesgo innecesario. 

Hablo de mi cama.
Guardo en ella los más amargos y los más bonitos sentimientos que he palpado. Creo firmemente que hay dos partes del día que definen verdaderamente cómo somos las personas: justo cuando nos despertamos y justo cuando nos acostamos. Es en esta soledad cuando de verdad dejamos aflorar todo el torbellino de pensamientos que nos bombardean a diario, constante y disimuladamente.  En mi caso, los trae de la mano el insomnio de los domingos. 
Nos pasa, supongo porque se trata del único momento en el que las personas nos encontramos enfrentadas tan sólo a nuestra mente, a nuestro cerebro, a nosotras mismas, mirando directamente y a los ojos a nuestra cara más vulnerable. Nos torcemos hacia nuestro lado más humano. 

Hace poco alguien me dijo que si me había planteado la posibilidad de que existen personas que estarían dispuestas  a pagar por saber lo que pensamos justo antes de quedarnos dormidos. Me pareció bonito a la par que estúpido. Me erizó la piel, y caí en la cuenta de que yo misma pagaría por saber quién me recuerda a mí al cerrar los ojos en esa soledad. Por curiosidad, nada más.

A mí, personalmente, me gustaría saber si en mi completa ignorancia he alimentado, e incluso puede que siga alimentando, la alegría de una persona ajena. Quizá si lo supiera me daría cuenta de que ni siquiera se me habían pasado por la cabeza esas personas. O a lo mejor encontraría a alguien de dentro de la lista de personas en las que alguna vez he pensado yo antes de dormir.
Quizá sea sólo ése el mensaje que pretendo que me llegue. No puede haber algo más grande que el hecho de ayudar a crecer un sentimiento sin hacer nada. Un buen sentimiento. Uno bonito. Saber que hay gente que detestaría todo aquello que pueda hacernos daño al igual que se alegra por todo aquello que nos hace felices.

Creo que no sabemos donde tenemos que buscar la felicidad.
 La mayoría de las veces nos equivocamos de lugar, de cosa o de persona. Y qué va a decir alguien que encuentra la felicidad absoluta construyendo una fortaleza con el edredón. 
Está donde menos la esperamos. Se esconde en sitios verdaderamente fáciles de descubrir. Incluso se nos presenta delante, clara, con una capa transparente. Y no sabemos verla. No queremos verla porque lo bueno es menos fácil de creer. Si nos fijamos, podemos encontrarla en cualquier lado. En cualquier acción. En cualquier gesto. En cualquier sonrisa que intercambias con un desconocido por la calle. En un edredón nuevo. En abrir los ojos por la mañana y ver que no estamos solos. 

Tengo que empezar a dejar de sobrevivir a los domingos, de tirar 24 horas a la basura como si me sobrara todo el tiempo del mundo. Porque no. No nos sobra, y no estamos como para andar ocultando sentimientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario