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domingo, 12 de agosto de 2012

Veo de cerca cómo te vas muy lejos...

Sólo queda poco más de medio mes y los últimos cachis del Soraya a las nueve de la noche. 
No sé si seguirán existiendo esos miércoles de montaditos en los que entre risas y cañas parecía que íbamos a arreglar el mundo tan sólo a cuatro paradas de bus de mi casa; o las noches de guerra que se pasan en el trayecto entre las tarimas del Geografic y los soportales de los cuatro cantones. No sé si seguiré escondiéndome detrás de las Ray Ban al llegar a la estación después de una noche casi entera sin dormir con el sabor a vodka y a tabaco aún en los labios, o si seguiremos llenando de ceniza y de risas ese sofá negro en el que terminan nuestras noches y en el que tantas veces nos habríamos quedado dormidas.

Lo que si sé, es que no queda noche para más que un último baile, y que si lo canta Pereza tiene que ser verdad. Si hay alguien que destaca en la pista por su brillo, no dudes que esas somos nosotras porque estamos juntas en esto. 
Que la distancia se empeña en separarnos pero a nosotras nos gusta fastidiarle los planes al destino. 
En realidad no deberíamos dejar que la canción se acabe, basta con dejarla en pause durante unos pocos meses, para que podamos terminar de bailarla todas juntas, para que todo sea cuando vuelvas como ha sido hasta ahora. 
Aún quedan aviones que coger y carreteras que descubrir, días de pizza, palomitas y peli, amaneceres en la playa, tardes al sol, noches bailando en azoteas.

En estos tres años he visto cómo evolucionan las personas, cómo tropiezan, cómo conocen el amor y el significado de una verdadera amistad. Cómo al conectar los cascos y activar el orden aleatorio se alejan del ruido. Cómo pasan los inviernos y se abandonan las primaveras, cómo cambia el tráfico de la calle y cómo cambias tú. 
He arrancado los meses del calendario, hoja por hoja y he perdido el interés por cada chico de la capital que tan sólo era una copia barata del anterior que me caló hondo. He dejado el mes de julio en un cajón con esa canción a la mitad porque he llegado a la conclusión de que no sirve para nada acabarla si no es con vosotras trece.
He liado problemas en ese rincón de pensar y nos hemos comido el mundo después. He aprendido que las personas no cambian, sólo se equivocan y aprenden. 
Sólo queda un par de tardes de sotilleo y de querer más que nunca a quién de verdad se merece que le quieran. 

Parece que fue ayer cuando me subí en el primer tren que me traía aquí. Tan sólo quería comerme el mundo y, ahora estoy empezando a ver que el mundo por pequeño que parezca, está dividido en catorce trocitos iguales, y que si nos falta uno nada es igual. 
Vuelve pronto, que en este lado del charco dejas trece estrellas brillando por ti, una canción a la mitad y una tarima que te espera para acabar ese último baile.