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jueves, 27 de diciembre de 2012

merrychristmas

A lo largo de nuestra vida conocemos a más de 20.000 personas.
Algunas salen de tu vida de la misma forma que entraron: de puntillas y sin hacer ruido. Normalmente esas son las que conocemos en el metro, en la cafetería de la Universidad, en el autobús o un sábado en la discoteca, e incluso en la biblioteca de la facultad.

Luego hay personas que nada mas verlas te das cuenta de que tienen magia. Otras que intentan ser mágicas pero no llegan a serlo. Algunas personas abrazan a personas con magia. Hay magia incluso entre personas que se comen con los ojos pero que no se atreven a abrazarse.
Hay personas que vale la pena conocer. Y a esas personas sería una pena no conocerlas. Ni a ellas ni a su magia.

Hoy os voy a presentar a una persona de las 20.000 que se cruzarán conmigo. No sabemos cuánto tiempo estaremos la una con la otra. No ha sido protagonista en la historia de mi vida. Ni me ha marcado para siempre. Pero quién sabe si algún día, lo hará.
Y no hemos compartido muchos sueños ni mucha magia. Pero puede, que a partir de ahora creemos sueños juntas.

Ella fue de las primeras que conocí en la facultad. Nos hicimos amigas entre cachis de calimocho y mofletes pringados de nocilla. Bailamos en el parking de Mercadona y explotamos globos llenos de vinagre con la boca. Nos tuvimos que declarar a veteranos y lavar el pelo en el baño de chicas. Ella es Irene. Nos llamamos igual, y a pesar de que hay muchas formas de llamarla, me quedo con titi. Se sentaba en el otro extremo de la clase pero ahora se sienta conmigo. Creía que iba a ser la responsable de las dos, pero ahora, se está pasando al lado oscuro y prefiere venirse de vez en cuando a la biblioteca a reírse de cómo se me cae la baba con el chico de la mesa número tres. Lo malo de todo eso, es que nos cuesta que alguien nos pase los apuntes.

Vernos en clase es un completo espectáculo. "Las Irenes" como dice la doctora que nos da Dimensión Pedagógica, se pasan las horas empanadas. Pero es genial. Cada tres minutos me enseña un tweet gracioso o me da un manotazo porque yo inconscientemente, me chasco los dedos de las manos. Pasamos las horas entre "que no me pegueeeeees" y "que no hagas esooooo". Dice que estoy loca, obsesionada y salida. Y la verdad es que un poco de razón no le falta.

Tiene risa contagiosa. Odia la lluvia, pero la encanta el chocolate super caliente y el fútbol. Se coge unas depresiones terribles cuando pierde su Real Madrid del alma. No hay día que no lea el Marca, a veces lo lee hasta en la cafetería de la Universidad. O con el portátil en clase. Cada día en el descanso de las 11:00, vamos a la máquina del pasillo a sacar un chocolate y un kinder bueno. Siempre se la queda atascado. Siempre se indigna y se enfada.  Siempre dice que la máquina la odia. Y yo me río. Mucho, mucho, muchísimo. Creo que hemos perdido la cuenta de todas las veces que la ha pasado.

Pero es preciosa. Y si la conoces, aún más.
Pasa vergüenza cada vez que nos encontramos por casualidad con el chico de la mesa número 3 de la biblioteca. Dice que sus ojos dan miedo, y que hay tensión sexual entre el y yo, por eso ella dice "risas infinitas" y yo contesto con un "no entiendo nada".
Y es verdad. No entendemos nada. Entre planear choques en el pasillo con el de los ojos avellana, los chocolates de máquina y algún que otro plato de bravas en la cafetería se está pasando el primer cuatrimestre. Y las vacaciones de navidad.
Pero ya veréis como aprobamos todo, aunque tengamos que hacer horas extras en la mesa de la biblioteca, o en la de la cafetería. Aunque riamos infinito o no entendamos nada.



Hoy me apetecía que la conocieses, aunque no sea tan bien como la estoy llegando a conocer yo y ya de paso felicitarle la navidad.
Feliz Navidad titi, la primera de muchas más juntas, de eso puedes estar segura.

xoxo





domingo, 16 de diciembre de 2012

Que sea urgente no significa que sea importante


Supongo que a la luna hoy también se la vea el ombligo y a ti las intenciones.
Supongo que yo me pierda, sin nada que decir, derribando el vacío que me producen las palabras.
Enciendo un cigarro y a mitad de frase me doy cuenta de que consumo los pensamientos más rápido que el tabaco. Tan sólo me quedan cenizas. Suena una canción que me recuerda algo que creía olvidado y escribo inconscientemente. Qué oportuna. Ha caído la noche y con ella los malditos juegos de palabras que convierten las sílabas en constante magia.

A veces creo que debería pensar más y hablar menos, y aun así, pienso demasiado. 

A veces debería leer en vez de escribir tanto, pero acabo optando por escribir, que al fin y al cabo es lo mío
Hoy elijo escribir a un Diciembre que ha llegado a las calles pero no a nuestras vidas, y aunque este invierno que no avisa intenta pasar desapercibido, hace más frío en mi cama que en nuestro banco de siempre. 
Fumando se escribe mejor, no se quien me lo dijo una vez pero razón no le faltaba. La pompa de humo de mi habitación es lo más parecido al cielo en estos momentos, así que mientras me enciendo otro cigarrillo recupero mi sonrisa de medio lado. La adicción y el jodido cielo. 

No sé porqué pero me siento bien dentro del desorden que se ha instalado en mí los últimos días, y cerrando los ojos fuerte, la alterada imaginación se pone de mi parte, todos los sentidos se despiertan y espero que esta noche llueva y no pare. Las palabras y las lágrimas brotan y los minutos en el reloj de la blackberry no hacen más que joderme diciendo que vuelve a ser lunes dentro de media hora. 


Pero mañana es sólo un adverbio de tiempo, y mañana estaré a tres mesas de tí a pesar de todas las ojeras peleonas. Tan sólo cuatro madrugones más, creo que puedo conseguirlo.



lunes, 10 de diciembre de 2012

yops returns


Diciembre huele a volver. A volver a casa por navidad.
A amores de otoño que caducan con las hojas de los árboles. A noches de café, de apuntes y biblioteca. A exámenes a la vuelta de vacaciones, a facultades en las que vivir deprisa para que el tiempo pase más despacio, a su parte de atrás, con caladas a medias para combatir el frío. A fumarse las horas muertas. A trabajos a medio acabar, búsquedas documentales que agotan la paciencia y ese "queda pendiente" escrito en un possit sin fecha de caducidad. Se acaba otro año con más pájaros en la cabeza que pies en la tierra. 


Huele a reencuentros con los de siempre, a los viejos amigos que de vez en cuando vuelven a tu vida. 
Año nuevo, nuevas historias, aunque las vidas cruzadas para siempre en un vagón de metro, no se olviden facilmente. 
Otro año que va a acabar con algún que otro ajuste de cuentas y cuentas pendientes. Empezará 2.013 con mi lista de cosas por hacer más llena que nunca. Queda pendiente el verano por los lugares de los que hablaban las canciones, la libertad de conducir hasta el sol.
Recuerdos y fotografías que dejan un buen sabor de boca de los últimos 365 días. Amigos que fueron algo más, dejando huella, calando hondo y desapareciendo después. Catorces de febreros sin amor. Reconciliaciones de película. El calor de unos labios que intentaban calmar el frío. Abril jarreando en las calles de Malasaña. Mayo de graduaciones y chaquetas verde lima. Junio de decepciones. Esas doce estrellas que brillaban en la noche de hogueras en una isla del mediterráneo. Cuatro amigas haciendo botellón en alguna playa del norte un domingo de julio preparadas para hacer historia. Un septiembre de tilas y manzanillas con selectividad a la vuelta de la esquina. Los dieciocho otoños del 6 de octubre. Un noviembre dulce que se pasa de parada en el metro. Un diciembre de amores que no entraban en mi lista de planes y el chico misterioso de la mesa numero 3 de la biblioteca. 


Ganas de nuevos proyectos y retos, de planear que no va a haber planes. Cambiar el mundo desde el césped de la Universidad. Echar más horas entre repro y la máquina de café que dentro de las clases magistrales.
Odiar a muerte las paradas de tren que me vuelven a separar de tu cama. All I want for christmas is you. 
Es tiempo de hacer maletas con ropa de invierno y reanudar esta vida improvisada tan lejos de Zaragoza. De llenar la nevera de turrones y preparar los tacones para la fiesta de fin de año. Es tiempo de ser grandes y de creernos que lo somos, porque aunque los culpables se atrevan a llamarnos generación perdida, es tiempo de vivir y salvar el mundo. 


Diciembre huele a volver. La ciudad nos mira expectante.
Vuelvo a veros por aqui y vuelvo a caer rendida. 
Las catorce juntas volvemos a la carga.