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viernes, 25 de octubre de 2013

OLD HABITS DIE HARD



Lo recordaba, y el pretérito imperfecto se hacía tan real como que ahora ya no sonrío en el sofá negro. 
Las miradas de reojo a las escaleras por si se deja caer, escasean. No recuerdo ya la última vez que me llevé un codazo y un "déjalo ya", pero soy muy de reincidir y de sonreír para que no me lo tengan en cuenta, así que de vez en cuando se me escapan porque "hoy quizás si". 
Ya sabes; old habits die hard, y si lo dice Mick Jagger debe ser verdad.

Tiene un no se qué, que qué sé yo pensar que lo mejor de todo no eran las cervezas, las risas o la música de fondo; era la compañía.
El juego se basaba en estúpidas indirectas, en silencios y miradas desafiantes. En música alta y en una calle a la que le faltaban los grados que le sobraban a mi cubata. En manos que se buscaban y bailes en los que encontrarse.
Era lo de siempre pero esta vez no era como todas las demás. Y lo tenía tan cerca que no podía verlo. Sabía cómo manejar la situación, o eso creía. Supongo que por esa obsesión de tener todo bajo control, de no dejar nada a la improvisación.
Nada de casualidades, todo controlado hasta el más mínimo detalle. Al igual que las conversaciones para cada momento, torcía el morro si se me torcían los planes o se ponía la cosa seria con las palabras adecuadas. Me mordía el labio con los comentarios que no venían al caso.

"Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad" y otro escalofrío frente a frente, con un "hoy quizá sí" demasiado evidente. Tenía tantas ganas como miedo. "Ten cuidado" me repetía a mi misma. Y no valió de mucho.
Estaba escrito con las luces de neón, en la etiqueta de las botellas de alcohol que hicieron el resto, en mi reflejo en el espejo de aquél ascensor.
Lo decían las canciones de mi aleatorio en el viaje de ida.

Podría haberlo evitado antes de que llegara la noche. Tendría que haberme quedado en casa, con un buen libro y algún acústico endulzando pensamientos amargos y remordimientos de por vida. Meterme en la cama aún con la ropa puesta. La palabra cobarde martilleándome la cabeza. The right side of the wrong bed.
Que sonara el móvil, que fuera alguien recordándome lo cobarde que era. Más remordimientos. Pero no. Aquello ya no iba conmigo. Así que ascensores, viaje de ida, canciones en aleatorio y alcohol.
A partir de ahí excesos y humo. Más miradas desafiantes. Había veces en que no hacían falta. Silencios y secretos a partes iguales. Se me derritieron entre los hielos las veintidós razones por las que no debía hacerlo.
Dicen que las palabras se las lleva el viento… pero yo no lo creo, o no quiero creerlo, porque es lo único que me recuerda que hubo una vez manos que se buscaban y ojos en los que quería quedarme a vivir para siempre. Sonaba Wonderwall y me sentí absurda. Empezaba a perderme y el desliz resultó evidente.

Ahora silencio. Hasta hoy no me había atrevido a recordar o mencionar ese momento. Porque saber que era de verdad daba miedo. Da miedo.




¿Sabes lo que te pasa? no tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma y decir está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tu misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.

sábado, 19 de octubre de 2013

   

 


“Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loco, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquilo, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonto y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.”
Risto Mejide.

viernes, 18 de octubre de 2013

¿Cómo no te voy a querer?

6 DE OCTUBRE DE 2013

"Hoy es el cumple de la petarrrrrrda esta. Deberíais conocerla. Bueno, mejor no...No hay nadie más pesado que mi hermana. Y menos mal que como ella no hay dos... (que noooo, que es broma).
Es difícil de mirar pero no porque sea fea ni mucho menos (bueno, si que es fea, sobre todo los domingos por la mañana, es horrible, me da miedo), pero volviendo al tema, es difícil de mirar porque hay que ser muy valiente para llegar hasta su ventrículo izquierdo. Se de lo que hablo, lo estoy estudiando en biología -.-, y os aseguro que quien consigue llegar ya no se va nunca de ahí. Yo que la empiezo a conocer os prometo que es como un libro abierto pero que no entiendo ni una de sus páginas.

Se fija en casi todo. En chorradas, en detalles, en el más mínimo gesto o mueca. Nada se la escapa. Nada. A veces creo que es imposible que se de cuenta de esas cosas y la digo que deje de inventárselo. Pero no miente, porque no sabe mentir. La entra la risa y puuuum pillada-bronca-castigo. Es una idiota porque siempre que ha dicho alguna mentira la han pillado mamá y papá...
Dice lo que piensa aunque papá la diga que piense antes de hablar y mida las palabras. Siempre acaba saliendose con la suya. Siempre. O el 90% de las veces.

Es una caprichosa de mierda, y lo que más me jode es que, como he dicho antes, siempre, repito, SIEMPRE acaba consiguiendo lo que se propone. Ahora creo que quiere unos pantalones cortos de Zara.
Lo que no me termina de quedar muy claro es eso de como consigue ser dura y orgullosa y borde y a la vez tener un corazón tan grande que no le permitiría hacer daño a una mosca. A lo mejor es por eso que me dice de que no le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti y porque a la vez tiene miedo de que se lo hagan a ella. Qué lio. La he estado espiando últimamente y creo que está enamorada. Hasta las trancas. Pone unos tweets de flower power y unas bobadas que harían a Winnie the Pooh vomitar purpurina. No me la imagino con novio. No se si habrá tenido alguna vez novio, ya se lo preguntaré jajajajaja.

Se nota cuando está y se nota cuando falta. Sobre todo porque me toca a mi poner la mesa siempre y porque no discutimos por la ropa.
Se come los helados de mercadona con cucharilla y directamente de la tarrina, se enfada y habla muy rápido cuando oye alguna noticia mala o triste en la tele. Le gusta el fútbol, en casa somos del Real Madrid todos y madre mía como defiende a Mourinho. No entiendo muy bien porqué, porque ahora ya no está pero bueno. Se que escribe bobadas en un blog y que le gusta leer muchos libros. A mi no me gusta nada leer. No nos parecemos en nada. Se esta sacando el carnet de conducir (digo yo que aprobará algún diaaa ) y montamos  a caballo juntas.

Hace cosas inexplicables como ver las ocho películas de Harry Potter del tirón o tomar el sol hasta que se pone tan morena como los niños africanos esos que quiere adoptar de mayor. Dice que los adoptaría a todos. En fin, está loca.
No le gusta cumplir años, hoy está como un zombie, yo creo que ayer se emborrachó un poco porque esas ojeras... pero la veo triste, con lo que molan los regalos y que te felicite todo el mundo... no hay quien la entienda. Habrá discutido con el novio o se habrá olvidado de que es su cumple. O no, será que dentro de poco ya le saldrán arrugas y así si que no se echa novio ni de coña. Bueno me voy que va a soplar las velas (muy a su pesar jajajajaj). Feliz cumple tataaaaaa diecinueve tirones de oreja que te voy a daaaaaaar ADIÓS DIARIOOO!!"








jueves, 10 de octubre de 2013

Qué bonito nombre tiene

09/10/13

Esta mañana ha vuelto a pasar. Me he vuelto a acordar y un escalofrío me ha recorrido la espalda de arriba abajo. Como ese que caracteriza tanto a las primeras veces.
El de la primera brisa del verano.
El de la primera vez que no duermes sola.
El de la primera vez que te subes a un avión.
Pero hoy no ha habido aterrizaje de emergencia en los labios que un día utilicé de salvavidas porque es otro octubre que se me escapa de las manos y a lo único que me agarro fuerte es a una taza de café por las mañanas.
Con la frente apoyada en una ventana fría mientras veía amanecer a la ciudad me he vuelto a poner triste.

Supongo que es el precio que tengo que pagar porque la felicidad llamase a mi puerta.
No podía creer que estuviese allí al otro lado de la mirilla. No me parecía real porque parece que cosas como ésas sólo les pasan a los demás o las veo en las películas. Pero no. Ahí estaba esperándome. Me quedé plantada y lo primero que se me pasó por la cabeza fue darle la espalda y salir corriendo porque soy un poco cobarde, pero me armé de valor y abrí la puerta.
Bailamos, hicimos el amor de madrugada y café por la mañana. Después de un rato, hasta intenté que se quedara. Pero no pude. Yo se mejor que nadie que la felicidad no puede durar para siempre.

No me gustaba la idea de un final inevitable. Nunca me ha gustado, pero al final llegó el final. Frío y un poquito cruel, como todos los finales, supongo.  No hubo nada peor que ver cómo se giraba a mirarme por última vez antes de doblar la esquina.
Mi felicidad se fue dejándome el sabor en los labios y el olor en las sábanas. Se acabó como se acaba mi canción favorita, el verano y el café de por la mañana.

Vuelvo a dormir sola. No hay beso de buenas noches que no sea amargo desde que no está. No hay aterrizajes de emergencia sino caída libre.
Mi felicidad. Y qué bonito nombre tiene. Me pregunto en qué cama estará ahora. A quién dará la espalda sin saber el enorme vacío que dejará cuando se vaya. Y si volveremos a vernos por aquí algún día.
A pesar de todo sigue gustándome este lugar. No por las personas con las que estuve sino por las personas con las que fui.

Las que me preguntaban que si era feliz cuando ya sabían la respuesta.