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viernes, 28 de junio de 2013

Siempre más de lunas que de lunes aunque no sepa en qué día vivo. De perder alguna batalla pero la guerra no.
Siempre con ganas de una historia nueva pero sin dejar de doblar la esquina de alguna página del capítulo anterior. 

En esta época del año también hay canciones que hablan de mi y domingos que llevan mi nombre. 

Y noches de dejarme caer en picado, desde la barra de cualquier bar para naufragar dentro de una copa de ron barato con dos hielos que enfrían las manos y calientan el corazón. 
Hay amor. Aunque no me encuentre y le esquive más que nunca.
Pero estoy bien. Mejor que bien. Es verano. Y dentro de un mes estaré en alguna playa de esas que guardan secretos sobre cosas que nadie podría creer. Porque hace calor y hay personas que siguen calando hondo. Y la vida sigue, ¿pero a quién? A mi desde luego que no. Y a estas horas debería estar haciendo el amor en vez de (d)escribiéndome.

Tengo las madrugadas contadas en esta ciudad tan pequeña y tan vacía. Los primeros rayos del sol de las últimas mañanas de junio empiezan a derretir los lunares de mi espalda y escribo en algún lugar que me dejaría engañar cada noche de mi vida si al día siguiente no amanezco con uno de mis días nublados.


Porque el verano tiene estas cosas: me oscurece la piel y me aclara las ideas. Y siempre he escrito peor entre junio y septiembre, pero no me canso de releerlo porque en este capítulo está mi página favorita llena de cosas que han cambiado. Todo mentira. Porque convencer al resto de que todo está bien se me da de cojones, pero cuando me intento hacer creer a mi misma mis propias mentiras la cosa cambia. 



domingo, 16 de junio de 2013

Sonaba let her go cuando me iba anoche a dormir. Echaban una película de amor en la tele, tan predecible y americana como bonita. 
"Cómo perder a un chico en 10 días". 
La historia de mi vida podría titularse: cómo perder a un chico en 10 meses. En 10 minutos. En 10 segundos. 

















 

























































Chica conoce a chico. Chico conoce a chica. Una noche. Otra. El mismo bar y la misma gente. Una línea a medio cruzar. 






 























La misma chica y el mismo chico. Pero 10 meses después chico y chica somos dos perfectos desconocidos. Bailando al lado sin rozarnos, pensando en la línea que diez meses atrás se había hecho más pequeña cada vez que el orgullo crecía. 
Y ahora era tan grande que antes de llegar a la línea había una señal de prohibido el paso. 
















 




























Me sentía tan identificada con la protagonista que me daba hasta miedo. Ella en un momento de la película, hablaba de que no se puede perder algo que nunca se ha tenido, y me pareció la frase justa en la que aterrizar. El momento y el lugar que volvía a traerle hasta aquí. Yo en mi sofá azul y él en alguno negro. Otra gente, otra canción pero el mismo chico y la misma chica que diez meses atrás. Siempre era casi pero nunca llegó al si. Y yo escribo porque echo de menos lo que nunca fue. 
Ahora cada vez más cerca pero tan lejos como nunca. Soy una aburrida, siempre hablando de ese amor que parece que encuentra a todos menos a mi. Pero aunque no me encuentre yo espero. A que él, o el amor, o la canción me hagan sentir menos vacía. 





 













 















Chica no conoce a chico. Chico no conoce a chica. Así empiezan todas las historias (de amor) y así terminan. 
Porque el amor es la mayor arma de destrucción masiva del mundo. 
Porque se pierde mucho más cuando no apuestas que cuando apuestas y no ganas. 
Only know I loved him when I let him go. And I let him go. 


viernes, 14 de junio de 2013

Only knew you loved him when you let him go‏

Desde que no llamas llevo siempre el teléfono en silencio. 
Te lo juro amor, que los gatos ya no tienen siete vidas, que no volveré a levantar la mirada al pasar por debajo de tu portal, que este verano no habrá razones coleccionadas en el fondo del Bacardi

La azotea ahora es el más gris de los tejados, pero no digo que fuera un infierno porque el invierno vino después. Me cansa tanto amor recalentado. Me cansa que los muelles de la cama te echen de menos y haya hueco de más. No me llevaré todo ni pediré perdón por los bailes. 

Con todo lo que he tenido que estudiar estos días, sólo me entraban ganas de escribir(te) más triste y más rato. Más fuerte. No tengo lunes para esperar a un verano demasiado corto, ni para escapar de mi y besarte la luna un jueves más, para regalarte lunares, la penúltima copa contigo o los domingos por la mañana contra ti. 

"No tengo lunes para besarte la luna y regalarte lunares." Qué bonito. 
Y cuanto más lo pienso, más ridícula me siento escribiendo besos frágiles y regalando versos fáciles al primero que me cure tus inviernos, amor. 

Cómo cuándo no te rozan unos labios, cómo cuándo huyes hacia delante sin dejar de mirar atrás, cómo cuándo firmas un contrato y lees después la letra pequeña. 

Quién querría contratos teniendo (tus) promesas que no valen nada y el contestador vacío de mensajes. Porque sigue el móvil en silencio. Y en tu lado de la cama nada. Y en nada nos quedamos, a medio camino del amor eterno por primera vez.