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lunes, 11 de noviembre de 2013





















  
 A veces me pregunto si de verdad sé utilizar los recuerdos.
Envidio a aquellos que no hacen demasiado caso a su pasado, yo me suelo reconocer más en el grupo de los que se aferran a él mediante los montones de fotos, pulseras, entradas, juguetes, cartas y libros que guardo por los rincones de mi habitación. 

Alguna que otra vez me ha dado por repasar en voz bajita cada detalle, cada gesto o cada palabra que los hicieron tan especiales. 
Las que pronuncié y las que oí. Las que no dije por cobarde y que me dolían más a mi por pensarlas que a los demás por no oírlas aún sabiendo que estaban. 
Recuerdo a diario cosas que querría olvidar, y a veces olvido otras que querría recordar para siempre. 
No hay un sólo día que no me recuerde a mi misma que hacer las cosas bien vale el doble, que para hacerlas mal no se hacen. 

Nunca antes se me había ocurrido que qué pasa cuando hacer las cosas bien implica dejarlas a medias porque es mejor así. Lo hecho hecho está y desgraciadamente, ya no puedo hacer nada por modificar, resetear o borrar; pero he encontrado el punto de unión entre lo que no hice, lo que hice mal y lo que hice a medias: lo curioso de las personas y lo magnífico de las circunstancias. 

Recuerdos. Al fin y al cabo estamos hechos de recuerdos. Existimos porque alguien nos recuerda, pero... ¿Qué conseguimos recordando? 
Supongo que será que cuando nos sentimos vacíos, cuando nos estancamos y cuando buscamos cosas nuevas, parece más fácil retroceder. 
Da menos miedo. Está relacionado con el "más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer". Somos adictos al placer de la nostalgia; a recurrir a todo aquello que tuvimos, dijimos, fuimos, sentimos y vivimos porque da la seguridad de un final conocido.
E incluso nos hace querer volver a vivirlo, a tenerlo, a decirlo... lo que, lamentablemente, considero un enorme e inevitable error.  
No rozar la herida, no aceptar otro trago... No se debería tratar de eludir el pasado pero tampoco querer volverlo a pisar. 


"Quien decide cuando acaba lo viejo y empieza lo nuevo no es un día del calendario, ni un cumpleaños, ni un nuevo año. Es un acontecimiento grande o pequeño algo que nos cambia que nos da esperanzas. Una nueva forma de vivir y contemplar el mundo, para dejar marchar los viejos hábitos, los recuerdos. Lo importante es saber que siempre se puede volver a empezar, aunque también es importante recordar que entre todo lo malo siempre hay cosas a las que merece la pena aferrarse."

1 comentario:

  1. Te prometo que me has arañado el corazón y mis ojos te lo demostrarían...
    Llevo días pensando que hay personas que son (somos) felices en su infelicidad, sintiendo la nostalgia que producen ciertas canciones o recuerdos. Nunca podría estar más de acuerdo con lo que has escrito aquí y palabra tras palabra te admiro por atreverte a poner por escrito pensamientos que me rondaban por la cabeza últimamente.
    ¡Un besazo enorme Nenu!

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