09/10/13
Esta mañana ha vuelto a pasar. Me he vuelto a acordar y un
escalofrío me ha recorrido la espalda de arriba abajo. Como ese que caracteriza
tanto a las primeras veces.
El de la primera brisa del verano.
El de la primera vez que no duermes sola.
El de la primera vez que te subes a un avión.
Pero hoy no ha habido aterrizaje de emergencia en los labios
que un día utilicé de salvavidas porque es otro octubre que se me escapa de las
manos y a lo único que me agarro fuerte es a una taza de café por las mañanas.
Con la frente apoyada en una ventana fría mientras veía
amanecer a la ciudad me he vuelto a poner triste.
Supongo que es el precio que tengo que pagar porque la
felicidad llamase a mi puerta.
No podía creer que estuviese allí al otro lado de la
mirilla. No me parecía real porque parece que cosas como ésas sólo les pasan a
los demás o las veo en las películas. Pero no. Ahí estaba esperándome. Me quedé
plantada y lo primero que se me pasó por la cabeza fue darle la espalda y salir
corriendo porque soy un poco cobarde, pero me armé de valor y abrí la puerta.
Bailamos, hicimos el amor de madrugada y café por la mañana.
Después de un rato, hasta intenté que se quedara. Pero no pude. Yo se mejor que
nadie que la felicidad no puede durar para siempre.
No me gustaba la idea de un final inevitable. Nunca me ha
gustado, pero al final llegó el final. Frío y un poquito cruel, como todos los
finales, supongo. No hubo nada peor que
ver cómo se giraba a mirarme por última vez antes de doblar la esquina.
Mi felicidad se fue dejándome el sabor en los labios y el
olor en las sábanas. Se acabó como se acaba mi canción favorita, el verano y el
café de por la mañana.
Vuelvo a dormir sola. No hay beso de buenas noches que no
sea amargo desde que no está. No hay aterrizajes de emergencia sino caída
libre.
Mi felicidad. Y qué bonito nombre tiene. Me pregunto en qué
cama estará ahora. A quién dará la espalda sin saber el enorme vacío que dejará
cuando se vaya. Y si volveremos a vernos por aquí algún día.
A pesar de todo sigue gustándome este lugar. No por las
personas con las que estuve sino por las personas con las que fui.
Las que me preguntaban que si era feliz cuando ya sabían la
respuesta.

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