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sábado, 6 de octubre de 2012

SEISDEOCTUBRE

"Hace dieciocho otoños llegaste a nuestras vidas en un jueves gris y crudo. Nerviosa y primeriza, me pasaba las horas observando en silencio como dormías, siempre con los puños apretados. Desde el primer momento tu respiración iba acompasada con los latidos de mi corazón. Naciste con unos ojos que no te cabían en la cara, con la naricilla chata y unos mofletes que daban ganas de morder." Son las primeras palabras de una carta que permanecía esta mañana junto a mi cabeza; hoy no tan llena de pájaros sobre mi almohada, igualmente rellena de plumas. 
La he leído intentando disimular alguna que otra lágrima que me emborronaba la vista de vez en cuando. La letra de mamá, tan firme y bonita como siempre. El más sencillo regalo de cumpleaños y probablemente el mas bonito de todos los que pueda recibir hoy. 

Primer sábado de octubre que se despierta con una alfombra de hojas y recuerdos y aquellas palabras que me decía ella siempre acariciándome el pelo: no te hagas mayor.  Ella quería trazar un plan para detener mi tiempo y convertirlo en eterno. Parar aquellas conversaciones en un banco del parque desde el que con cada palabra la admiraba más, y tenía mas ganas de parecerme a ella. Me enorgullece cuando me dicen que somos como dos gotas de agua, me gusta ser su vivo retrato; haber heredado su buen gusto, su carácter y sus principios. 
Ya que estamos hablando del tiempo diré que poco queda de aquella niña con el enorme lazo sobre el pelo, con el sol en las pestañas. Te diré que a su lado una vida nunca será suficiente, y que estas palabras son de acción de gracias por rescatarme todas aquellas veces que inevitable he naufragado. La niña de los ojos de gata creció y mamá Maite con ella. Ambas aprendíamos y despegábamos. Me enseñaba a volar y me impulsaba con cada racha de aire que se levantaba, haciéndome ver que cada día era una nueva oportunidad. Me acariciaba el pelo en aquel sofá azul, donde tantas horas hemos pasado juntas y donde ahora no cabemos las dos tan bien como antes. Hoy ya con mis dieciocho octubres puedo decirte que estoy segura de que vivo en sus ojos y caigo con sus lágrimas. 

La niña de los caros andares probó suerte en todas las pequeñas oportunidades que se le iban presentando, y así fue como conoció el amor y el fracaso, ahora sabe como pasa la vida junto a ella, conoció cursillos de besos acelerados en soportales al abrigo de la lluvia. La vida pasaba entre eneros con la compañía de una taza de chocolate bien caliente y julios con olas de plata en fines de semana en Santander. Haciendo balance, lo poco que he aprendido de la vida se puede contar tomando un café y fumando un cigarrillo, sólo basta una copa para entenderlo y dos para olvidarlo.  
Es tiempo de madurar, de respirar tranquila, de prescindir del humo y de volar; con ella. Otro día mas (o menos, según se mire para muchos) el cielo se confunde con las aceras, pero no mis intenciones con la ausencia de ganas, y consigo que se borren por fin los suspiros que callan los silencios. 

Porque puede que sea mi cumpleaños, pero a la que hay que felicitar hoy realmente es a ti mamá. 


Te quiero.

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