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lunes, 8 de octubre de 2012

Confessions on the roof


Solía salirme a la azotea y fumarme un par de cigarrillos en el silencio de una ciudad dormida, en ese cachito de cielo donde siempre brillaban las estrellas a pesar de las luces de las farolas y la contaminación de los coches.  
 Por aquel entonces escuchaba acompasados mi respiración y mis latidos mientras me preguntaba una y otra vez porqué siempre he hecho tan difícil lo que, en teoría debería de ser fácil, y la explicación la encontré viendo amanecer sin más compañía allí arriba que una manta y un cenicero en el que se apagaban amores del pasado con cada uno de mis pitillos, una noche de finales de septiembre.  

Han pasado muchos por mi vida, pero nunca nadie me llenó lo suficiente y siempre todos fueron más de lo que deberían haber sido, quizá por eso hubo quién me partió el alma y las caderas bailando al compás desenfrenado de dos corazones, sin más intención que un beso entre labios cobardes. 
 Tuve amantes en cada rincón de la ciudad, que desaparecían al amanecer para volver a mi vida siete noche después, e incluso llegué a pensar que alguno llegaría a invadir una mitad de la zona de mimos. Alguno llegó a decir que me tenía calada pero nunca lo creí; porque la verdad es que ni yo misma me entendía. Hubo quien lo intentó, pero nunca conseguía conocerme. Nunca me dejaba conocer. 
 

Ahora cuando subo a fumar a la azotea en las noches de otoño es para empañar los cristales de mis recuerdos y a pesar de que la manta sigue siendo mi único abrazo, el corazón se me congela porque el frío me anestesia del dolor. Siento esa jodida sensación que me recuerda que cuando empieza a empezar me ilusiono y que todo se termina acabando con la palabra decepción tatuada una vez más en mis pupilas. Por eso mis ojos se cansan de ver siempre cómo se repite la ultima escena: mis finales son el mismo repetido.  

Algo me dice que este es el momento que necesitaba para no agachar la cabeza y avanzar. Que acabo de poner un punto y final y creo que precisamente era para dejar que alguien como tu realmente pueda presumir de que me conoce. Y dime que vamos a querernos y a mordernos hasta que nos duela. 
 Haz que me acabe dando cuenta de que yo que me creía invencible, también necesito besos en el cuello como el resto de los mortales, de esos que te dejan sin aliento... y que a veces estoy más perdida cuando no me pierdo en otras calles y me encuentras en otra piel, porque mi pelo es el lugar perfecto para que descubras que no sólo resguardan del frío y de la lluvia los soportales, mientras yo naufrago a mis anchas en el azul de tus ojos. 


 


 







2 comentarios:

  1. muy bueno el blog!! ya tienes otra seguidora te dejo mi blog por si te gusta puedas verlo y seguirme :)! http://wwwteenage-girls.blogspot.com.es/

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    1. muchísimas gracias, nos leemos!!;)

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