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jueves, 20 de septiembre de 2012

Se dejaba llevar

"Despiértame cuando Septiembre acabe" y automáticamente su mano busca el volumen del iPod para que la música suene por encima de sus paranoias, mientras los ojos se cierran fuerte. Se eleva con los acordes y sus latidos se sincronizan con una voz rota que guía sus pasos mientras le cuenta que otra vez se acaba el verano. Atrás quedan noches de desenfreno y el encanto de los primeros rayos de sol con esa brisa del Sardinero que le eriza la piel.  

Quiere despertar cuando las noches sean más cortas y el frío que empieza a calar hondo deje ver que Octubre viene pisando fuerte. Cuando sus dieciocho otoños inocentes le recuerden que no son más que dos gatos al abrigo de los soportales. Sólo quiere que la invite a sus paraísos artificiales, esos que tienen el sabor a una lógica buscada dentro del caos y que no se dejan encontrar tan fácilmente. El final del verano da paso a un cielo triste bajo el que sus esquemas se caen igual que las hojas secas, mientras se pierde en rutinas alternativas a la sobredosis de ruina que le ha estado aislando desde que le conoce. 

¿Y ahora que hace? Odia la monotonía pero en ella se siente segura. Quiere que cambien las cosas y no se mueve ni un milímetro de donde está porque odia que no le salgan los planes como quiere. Basta de delirios de alcohol y de aquellas quinientas noches que prometió pasar en vela. Basta de paseos por bulevares con sabor a cerveza y a fracasos, con sueños rotos o a la mitad y canciones que se quedaron en un descuido de la noche de Madrid.  Amarguras que dejan de ser amargas, despedidas ebrias con corazones sobrios que encuentra a tres paradas de autobús. 

Absolutamente todos los días tienen un minuto en que cierra los ojos y le ve ahí sentado. Debería dejar de exigir cambios perfectos en su imperfecta vida. A este paso se le va a olvidar el lugar de dónde viene y empieza a plantearse si existe el sitio a dónde va. La canción empieza a terminar y se da cuenta de que otra vez ha rehecho sus pasos, para llegar a su portal y ver que la calle, el tráfico y la gente sigue exactamente igual que la última vez que se dejó caer por aquí. Mira pero ya no siente nada. 

Nada se acciona, nada se acelera debajo de la piel, todo a su alrededor permanece igual y ella resurge con la nueva estación. Este curso empieza con muchos finales y con muchos cambios, entre ellos la ubicación de su rincón de mimos,que ahora está en otros brazos, que parecen frágiles pero que están hechos de acero inolvidable.





2 comentarios:

  1. WOW! Menuda entrada1 Enserio, me a recorrido un escalofrio, escribes genial, sigue asi :D Te espero por mi blog :)

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  2. Hermosa la entrada! me encantó la foto y el tatuaje! jaja un beso, te sigo :)

    http://www.sweetcinderellaa.blogspot.com

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