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martes, 21 de enero de 2014

Se marcha un enero más, y ya van dos.

No es un buen día. O una buena noche, depende cómo lo mires. Yo prometo que no lo veo aunque no dejo de mirar. Será porque la bombilla ahora es de bajo consumo, y lo único que parece consumirse es mi paciencia y el tiempo. Y el cigarro que no debería estar fumando porque se lo prometí a mamá, pero estamos en exámenes. Venga, que por uno no pasa nada. 

Por hoy me rindo, pero no bajo la guardia. No sé si me explico...
Sin querer he vuelto a dejar la mirada perdida y he levantado la ceja. Me doy cuenta pero me da igual, y entonces va y se sienta a mi lado. "A lo mejor no se ha dado cuenta de que existen más bancos en el mundo", pienso. 
Me conoce lo suficiente como para saber que no quiero hablar pero que no seré yo la que se levante primero. 
Que qué tal me pregunta. Como si no supiera la respuesta. Montones de apuntes que no bajan. Sólo se oye el silencio de una biblioteca abarrotada y hace un rato se ha puesto a llover. Que en los días grises no hay perro que me ladre. Y a veces se me juntan con enero, y entonces muerdo. Así que le miento. Le digo que bien. Todo bien en la Universidad, hasta espero sacar matrícula en algún examen de febrero. Le miento. Y saco el móvil y leo por encima el mensaje que acabo de recibir. No lo guardo con prisa, me demoro para asegurarme de que lo ha leído de reojo. Si en el fondo somos iguales joder. 
Silencio y ataco. He conocido a alguien. Es buen chico, te caería bien. Le miento más. Da una calada a su cigarro y sonríe, y sus ojos también sonríen detrás del cigarro. Cuánto me alegro cariño, me dice. Y le miento y lo sabe. 

Hace un rato se ha puesto a llover, y de repente suena una canción en mi cabeza que me recuerda que existen las razones y las causas. Aunque estén tan perdidas como yo. Y joder, que tengo diecinueve años. Me sobran los motivos y me recuerdo a mi misma que algún día agradeceré haber roto la promesa de mamá. Aunque fuera por un rato. 

Llueve y doy una última calada. Dejo en Pause a Quique González, y otra vez esa sonrisa que sabe ganarme la partida en modo experto. Llueven besos de esos que se dan y quitan la vida. 
Nadie sabe cuándo terminará el ir y venir de bibliotecas y mentiras, pero yo estoy segura de que será pronto. 



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