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domingo, 17 de junio de 2012

Con tabaco de liar entre las manos y una copa medio vacía. Oigo la música pero no la escucho, y aunque mi mirada se va posando en cada una de las personas de este maldito antro no logro ver sus caras. Apalancada en el sofá de siempre, rechazando todas las invitaciones que me van haciendo para salir a romper la pista. Inútil ni siquiera intentarlo, lo único que zumba en mis oídos es tu voz y lo único que logro ver cuando les miro es tu cara.

Otra vez me sorprendo al comprobar como empieza a dispararse mi pulso cuando una de las mías se acerca y me dice bajito: "ha llegado". Una sonrisa se dibuja en mis labios cuando te plantas al final de las escaleras con tus miradas y tus maneras. Anticipando cada uno de tus movimientos adivino que vas a revolverte el pelo mientras haces un repaso rápido con la mirada por la gente que hay en el local hasta que tus ojos se posan en mi durante una milésima de segundo. Como siempre, intentas disimular pero te tengo calado: acabas acercándote y consigues llamar mi atención que, supongo que sabes que estaba toda centrada en ti desde que has entrado, mientras tratas de hacerte un hueco a mi lado en el sofá. A pesar de que me limito a observar tus gestos y a sonreír, no sabes cuánto te agradezco que estés conmigo otra vez, que como dice la canción: te he echado de menos.


Después de un rato con ganas en mitad de una noche de junio me doy cuenta de lo cerca que estás, y mientras tu hablas de todo y de nada, yo me lío entre tus palabras y mi cigarro, pensando que esta es otra noche que perdemos pero que algún día me la devolverás y preguntándome si de verdad eres la persona perfecta que mi vida imperfecta necesita en este preciso momento. 
Has vuelto a darle sentido a la complicidad que pocas veces se siente, pero muchas veces se intenta. No tienes la sonrisa más bonita, pero cada motivo que me das por estar este instante mirándotees suficiente.





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